Aviso del Cronista.

La caída de Valaquia Prima es un conjunto de relatos estructurados como una novela río sobre los sucesos que acontecen en ese planeta ambientado en el universo ficticio de Warhammer 40.000.

El creador de este blog solo tiene el objetivo hedonista slaaneshiano de pasarlo bien y hacerlo pasar bien a quien pueda leerlo. Sus relatos están hechos por fans y para fans de los fantásticos juegos de Games Workshop y por tanto no es para nada oficial ni está respaldado por susodicha empresa, no pretendiendo con ello afrentar su posición ni menoscabar su trabajo.


Pensamiento del día.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Vlad Draco. Aposentos de Hellsing en la Cúspide. Colmena Alfa 09.


Había algo en esa luz. Sueños inconcebibles, promesas imposibles, deseos herméticos que acariciaban su corazón con delicadas garras llenas de crueldad inhumana. Por un momento Draco creyó oir la música de las esferas que vibraba en todas las cosas, pudo oir los impulsos eléctricos en su propio cerebro, las neuronas gritando de pavor ante lo que estaba ocurriendo, los corazones de todos los presentes, sus pensamientos y por debajo de todos ellos, de un modo tan sutil
como el beso del sol en la piel, las almas de todos los habitantes de Valaquia...
Fue solo la décima parte de un instante, la ilusión de un pensamiento imaginario y cuando terminó creyó morir.
Deséame.
La voz le acarició la espina dorsal, subiendo por su médula espinal hasta su cerebro. Una voz de plata líquida que le estremecía con una repugnancia culpablemente placentera.
Agitó la cabeza como si así quisiese despejarse. Los demás miraban la luz ajenos a todo.
Deséame.
La nebulosa Lucífaga apareció ante él. Vio hombres morir a millones en guerras absurdas. Ante sus ojos pasaron victorias pírricas y derrotas sangrantes, un sinsentido de violencia en la que nadie ganaba... Después se vio a sí mismo con el uniforme de Señor de la Guerra. Desembarcaba de una nave que apresuradamente lo traía para responder a la desesperada llamada del Alto Mando de la cruzada. Dirigía los ejércitos, aplastaba sombras de traidores y alienígenas bajo sus botas y finalmente era reconocido como lo que él siempre había sabido que era.
Un sueño bonito, la justa recompensa a su carrera y su valía.
Deséame.
Pero el sueño no terminaba allí. No debía terminar de esta forma. Una victoria en un alejado rincón del Imperio no podía ser su broche final. Los ejércitos le seguirían más allá, emularía al gran Solar Macharius y aumentaría el territorio del Imperio como ningún otro lo había conseguido hasta entonces. Miles de sistemas se arrodillarían a sus pies y decenas de mundos adoptarían su nombre. Pacificaría la galaxia entera con sangre, acero y láser y haría de esta un lugar seguro para el hombre.
Deséame.
¿Acaso no era la galaxia un lugar horrible? ¿No sustentaban los Altos Señores de Terra un inconmensurable poder para proteger a sus súbditos? ¿Acaso ellos mismos no permitían que campasen a sus anchas xenos y herejes con el mero objetivo de mantener su posición entre la población atemorizada?
Draco purgaría a galaxia de esa escoria y después exigiría la dimisión de todos aquellos que querían mantener al pueblo en la ignorancia.
Deséame.
Ellos se negarían. No abandonarían sus puestos. Tendría que liberar Terra por la fuerza.
Vio sus flotas converger sobre el sistema, acabando una tras otra con las líneas de defensa del Segmentum Solar, hasta que aquellos hinchados sapos viesen sus naves orbitar sobre la Santa Terra en tal número que oscureciesen el sol.
Deséame.
Pero había algo más... La edad oscura no terminaría hasta que barriese hasta el último símbolo del opresivo orden. Caminaría por el palacio de Terra. Subiría por la escalinata de los héroes, alabando los estandartes de los allí recordados, pues su valor no era menos meritorio por servir un ideal erróneo. Llegaría al centro mismo del palacio y allí clavaría su espada en el mismo corazón del corrupto cadáver que anclaba a la Humanidad en una eternidad de oscuridad y estancamiento. Después apartaría los restos y se sentaría en el mismísimo Trono Dorado.
DESÉAME...

domingo, 12 de septiembre de 2010

¡Resultados de la segunda encuesta de popularidad!

Antes de valorar otros aspectos gratificarnos sobre el número de votaciones, ya que en esta participaron un 33% más de lectores que en la primera. ¡Yuju!
Como siempre muchísimas gracias a todos los votasteis. Sin vosotros esto no tendría ningún interes. Intentaremos mejorar con vuestras opiniones.

-La medalla de oro con 9 votos es para ¡¡Zenzei Muzazhi!! Estábamos plenamente convencidos de que conseguiría podio, pero tanta popularidad nos ha sorprendido. Curiosamente el personaje que menos relatos tiene escritos... esto puede indicar que hemos conseguido crear un personaje atrayente y carismático o que contra más escribimos más la cagamos... ;D

-La medalla de plata con 8 votos es para Imbra, la operaria del manufactorum. Una mujer normal envuelta en una situación opresiva que jamás deseó y que además maneja enormes máquinas de carga nos pareció una gran idea, y por lo que parece también a nuestros lectores. Nos enorgullece que la idea sea totalmente nuestra y a nadie se le ocurriese antes.

Ejem, ejem...


-La medalla de bronce con 7 votos es para el vendedor Bruce de G-Mart, otro personaje que debemos confesar está inspirado en cierto personaje mítico. Las extrañas situaciones que se están desarrollando en colmena Beta prometen hacerselo pasar muy mal pero también despiertan el interes de nuestros lectores.

-En un empate con 5 votos el inquisidor Hellsing y el tecnosacerdote Genosium han rozado el podium pero no han podido subir. ¡Más suerte la próxima vez!

-Y de forma similar a la primera encuesta en la zona baja de la tabla el resto de personajes se han quedado descolgados. Droks y Vlad empatan con 3 ptos y Ciro y la interrogadora Atlua con 2 ptos.

Tal vez por que en el caso de Ciro y Droks sus historias están todavía poco desarrolladas y quizá por que Atlua y Vlad giran demasiado en relación al inquisidor Hellsing.
Vosotros lo sabeis, ¡dádnos vuestra opinión por fi por fi!

viernes, 10 de septiembre de 2010

Vlad Draco. Aposentos de Hellsing en la Cúspide. Colmena Alfa 08.

Vlad sujetó a su esposa cuando se disponía a abrir la puerta. Durante la carrera hacia los aposentos del inquisidor varios guardias se habían unido a ellos, alertados por Eygor y su comunicador.
La arrastró entre protestas hacia los uniformados soldados y después sacando una pequeña pistola láser se colocó a un lado de la puerta. Su mutilado asistente le imitó desde el otro. Draco no pudo evitar sonreir maravillado por la familiaridad con que ambos lo habían hecho. La vida fuera de las trincheras no los había ablandado tanto como creía.
Eygor le guiñó un ojo.
-Lo siento señor, olvidé traer el lanzallamas.- bromeó el veterano mientras lanzaba una significativa mirada a la pequeña pistola que empuñaba.
Antes de que pudiese replicar se oyó alarido dentro de la sala.
Golpearon el mecanismo de apertura y entraron en tromba.
La situación era increíblemente confusa. Una extraña luz salía de un objeto irreconocible en las viejas manos del viejo inquisidor. Borboteaba con un color que no tenía cabida en este universo y que evolucionaba con cada latido en una escala cromática alienígena e imposible de describir. Un olor similar asaltó sus fosas nasales, dulzón hasta límites imposibles y abrasador como el corazón de una estrella, deliciosamente putrefacto y fascinantemente amargo.
Las pistolas cayeron de unas manos que repentinamente habían perdido su fuerza.
Hellsing les miró. De sus ojos caían lágrimas de sangre.
Lucca, el enorme guardaespaldas se giró hacia ellos con su pistola bolter encañonándoles, pero la bocacha del arma temblaba horriblemente. Tenía la cara cubierta de sangre y los miraba con ojos ahogados en un dolor inconmensurable.
De repente la luz pulsó con más fuerza y la sombras de las esquinas de la habitación comenzaron a cambiar, como si a través de los ángulos de la habitación formas ajenas a este mundo pugnasen por forzar sus límites y entrar en él.

lunes, 6 de septiembre de 2010

Vlad Draco. Aposentos de Draco en la Cúspide. Colmena Alfa 07.

Se llevó la copa a los labios. La sostuvo unos instantes ante su rostro y después la devolvió sin haber probado el licor.
Sus ojos recorrieron a toda prisa los informes que había recibido intentando encontrar algún sentido a todo lo que se le presentaba en ellos.
Eygor, en una mesa auxiliar a un lado de su gran escritorio desmontaba y montaba la pistola láser con obsesión, centrado totalmente en la tarea. Por un momento pensó en ordenarle que dejase de hacerlo pues incluso los ligeros sonidos le molestaban pero se lo pensó mejor en cuanto miró a la tercera persona presente. Voidova descansaba en un lujosísimo sillón frente a él.
Sabía que ella había sobrevivido solo gracias a su mutilado asistente y por ello le estaría eternamente agradecido. Si tenía que soportar una molesta manía de veterano lo haría sin rechistar.
-La reunión está programada para dentro de unos minutos.-anunció su esposa consultando una pantalla de datos de su escritorio.
Eygor terminó de montar por enésima vez su arma y la guardó en su cartuchera poniéndose en pie.
Vlad no hizo mención de levantarse. Dejó todos los documentos sobre la mesa y puso las manos sobre ellos. Al levantar el brazo izquierdo una de las heridas del combate le hizo maldecir.
-Solo se que la mayoría de los atacantes eran ultramundanos de una decena de planetas del subsector. Estoy intentando sacar algo de los pocos valakos que nos atacaron pero parecen malditos fantasmas... gente normal que de repente decidieron asaltar la recepción... ¿¡Qué ocurre!?
Voidova lo miraba sin comprender, hasta que sintió el sabor metálico en los labios.
Se llevó las puntas de sus largos dedos a la exquisita nariz y los retiró manchados de sangre.
Los dos hombres se precipitaron hacia ella, pero los detuvo con un gesto que lanzó pequeñas gotitas de color rubí sobre el escritorio.
-Alguien está utilizando enormes fuerzas psíquicas muy cerca. En el propio palacio. No veía algo tan grande desde Efrak.
-¿Algún astrópata?-preguntó Eygor con la mano apoyada de nuevo sobre la cartuchera de la pistola láser.
Ella negó con la cabeza mientras se ponía en pie y corría a la puerta.
-Es el inquisidor. Ha mirado la disformidad... y algo le está devolviendo la mirada.