Aviso del Cronista.

La caída de Valaquia Prima es un conjunto de relatos estructurados como una novela río sobre los sucesos que acontecen en ese planeta ambientado en el universo ficticio de Warhammer 40.000.

El creador de este blog solo tiene el objetivo hedonista slaaneshiano de pasarlo bien y hacerlo pasar bien a quien pueda leerlo. Sus relatos están hechos por fans y para fans de los fantásticos juegos de Games Workshop y por tanto no es para nada oficial ni está respaldado por susodicha empresa, no pretendiendo con ello afrentar su posición ni menoscabar su trabajo.


Pensamiento del día.

jueves, 14 de enero de 2010

Imbra. Manufactorum. Colmena alfa. 02

Imbra supo en cuanto entró a su sector que algo había ido mal, era inevitable. Una mancha roja sobre el suelo verde. Preguntó por el transmisor qué había ocurrido, pero la voz maquinal de uno de los prefectos del Munitorum le dijo a través del aparato que no había sido nada serio y le ordenó que siguiese trabajando.
Deseó mandarlo al infierno.
Fingiendo que no estaba satisfecha con el nuevo contenedor bajo de la máquina y comprobó los enganches. Una de las trabajadoras se acercó para ayudarla e Imbra la interrogó entonces.
Con voz queda aquella mujer le contó que había sido uno de los refuerzos del sector no bélico del manufactorum, enviado allí ante el extra de producción, había resbalado en el suelo y el encargado de la grua había dejado caer el cargamento encima.
Al pobre hombre lo tuvieron que sacar de su silla en medio de un ataque de pánico y sedarlo por la fuerza antes de llevárselo a la enfermería, al otro lo tuvieron que arrancar del suelo con máquinas de limpieza.
-¿No comprobó que la zona estaba despejada?-preguntó incrédula, conocía a aquel hombre y sabía que era metódico en su trabajo.
-Han sido esos cabrones - dijo la trabajadora refiriéndose a los prefectos.- han recortado las medidas de seguridad y cuando intentamos llevarlas a cabo nos amonestan.
En ese momento sonó su transmisor, la voz maquinal le ordenó de nuevo que siguiese trabajando si no quería recibir un aviso de nivel gamma en su expediente.
Imbra dio una pequeña palmada a la trabajadora y subió a su transporte. Deseaba que el día terminase, lo deseaba con todas sus fuerzas. No conocía al muerto, pero eso no lo hacía menos horrible. Había otro trabajador en la grua, la gente seguía trabajando y los prefectos seguían evaluando sus placas de datos y hablando en murmullo. Nadie miraba la mancha roja del suelo.
Imbra tuvo que hacer esfuerzos por no llorar. Solo quería volver a su habitáculo y dormir en los brazos de Liye.

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